martes, 9 de febrero de 2010

Magia y psicoterapia. Los chamanes de nuestro tiempo

http://www.laopinion.es/firmas/2010/01/28/magia-psicoterapia-chamanes-tiempo/268551.html








La Opinión de Tenerife. estafa de las cias. aéreas en navidad

volar: miedo,placer,fobia....
http://www.laopinion.es/firmas/2010/01/04/volar-miedo-placer-fobia/264087.html


Volar: miedo, placer, fobia... SUSANA ISOLETTA

Hace muchos años leí un maravilloso libro que hablaba del miedo a volar. La pasajera en cuestión se aferraba a la butaca del avión como si la estabilidad del aparato dependiera de la quietud de su musculatura.


Esa rigidez forzada e intensa provocaba en ella un acartonamiento del cuerpo que sólo desaparecía horas después de haber abandonado la nave. Muchas de esas sensaciones son compartidas por los lectores para quienes ese síntoma funciona como una limitación y en muchos casos un obstáculo insalvable para acceder a un avión.

A partir del tremendo atentado de las Torres Gemelas a la fobia propiamente dicha se agrega a un peligro real: el riesgo de un atentado terrorista. Es de suponer que el intento fallido en Detroit incremente nuevamente el miedo. Por una parte se ha hecho evidente la dificultad que entraña pretender controlar a miles de sujetos sospechosos de terrorismo a nivel mundial. A las medidas de seguridad más estrictas en los aeropuertos, se opone la capacidad operativa de los terroristas.

Desde un punto de vista psicológico esta situación de inseguridad pone en jaque los mecanismos defensivos de aquellos sujetos que, sin ninguna situación exterior que aparentemente lo justifique, sienten miedo a volar, es decir, fobia.

Ajeno a todo, con una inmensa sensación de indefensión allí en las alturas, la persona temerosa se aferra a la mano del compañero de viaje, acude al lavabo de forma compulsiva o pide bebidas o cualquier chuchería a las azafatas en un intento de distraer su mente de los pensamientos más tremendos. Se agudizan sus sentidos, particularmente el oído: el menor ruido puede considerarse ajeno a la normalidad del vuelo y por lo tanto, señal inequívoca de catástrofe inminente. Ni qué decir de los vaivenes producidos por las turbulencias y las tormentas en plena travesía.

Para las personas que no padecemos fobia en los últimos años los viajes en avión han dejado de ser un placer para convertirse en una aventura complicada en muchos sentidos, una venta en al aire de diversos productos. La cosa ha perdido romanticismo y encanto .Por empezar, las compañías de Low Cost (o vuelos baratos). Todo tan barato que finalmente no cabemos en los asientos y te cobran por casi todo. Siguiendo por los azafatos que no son lo que eran, no destilan simpatía y buen hacer. Se limitan a vender a más y mejor hasta extremos insospechados y a mirarte con mala cara si pretendes que coloquen tu pesada carga de mano en el maletero superior. Pero sobre todo nos molesta que nada de nada sea gratuito si no vuelas en clase preferente.

Baste como ejemplo una anécdota que viví en un vuelo de Tenerife a Barcelona. Tres horas o más de viaje dan para mucho sobre todo si una azafata en su afán vendedor se dedica a fomentar el alcoholismo de un pasajero. Como era de esperar la cosa acabó con la intervención de la Guardia Civil en tierra porque el señor, visiblemente mareado, se dedicó a fumar en el lavabo. Esto no es lo habitual, ni mucho menos, la inmensa mayoría del personal de vuelo es muy amable y responsable, pero esto ha ocurrido hace algunos meses y doy fe de ello.

Un peligroso factor posiblemente contribuirá a fomentar el miedo a volar, (que no la fobia) y es un elemento muy real y tangible: el temor a ser estafado, y no es para menos. Han transcurrido tres años y aún no se ha resuelto el tema de Air Madrid (perdió su permiso de vuelo justamente en Navidades). Las personas que deseaban ser pasajeros y para eso abonaron su billete se quedaron en tierra. Y no eran unas vacaciones cualesquiera, muchos de ellos son inmigrantes que deseaban visitar a sus familias en Sudamérica.

Las compañías saben que en las fiestas navideñas los viajes a estos países son muy frecuentes, o casi obligados. Y con el verano reinante en el sur del planeta, se trata de un re-encuentro familiar y vacaciones. Entonces aprovechan la enorme recaudación de esta temporada alta para cobrar y quebrar. Inmisericorde. Avaricia y maldad todo en uno.

Muchos pasajeros entre los que me cuento deseamos recuperar la confianza en las compañías aéreas, y ¿por qué no? en la bondad y buen hacer de sus gestores y la eficacia de los funcionarios que deben controlarlos.


Pero por sobre todas las cosas ansiamos seguridad y paz. Es una aspiración ingenua posiblemente, pero en tiempos de festividad religiosa podemos retornar al candor de la infancia y soñar con un mundo más plácido.

De momento las autoridades aún no han decretado que soñar esté prohibido, o no aspiran a multarnos por ello. Al menos yo no me he enterado.

www.susanaisoletta.com

martes, 30 de junio de 2009

Comentario al texto "Santa Anorexia la noche oscura del cuerpo". Autor Sergio Hinojosa. Ediciones Maia

La obra de Sergio Hinojosa representa un exitoso esfuerzo de fidelidad a un aspecto fundamental de la teoría freudiana: la continuidad entre salud y enfermedad, la inexistencia de diferencias cualitativas entre sujetos considerados normales y aquellos que merecen algún tipo de consideración psicopatológica (estructura neurótica, psicótica o perversa).
La concepción de la anorexia como “un modo de ser” es innovadora. No sólo representa un estilo de vida al que el sujeto se adhiere de forma voluntaria y hasta tiránica (el mismo se convierte en juez y parte de esa tiranía), sino que en esa forma de posicionarse las personas que le rodean quedan exiliados en su capacidad de satisfacer alguna demanda por parte del paciente.
La originalidad de este planteamiento permite por un lado despatologizar la enfermedad y al mismo tiempo incluirla como un elemento fundamental en el vínculo que la paciente establece con su entorno. Ello implica incluir la anorexia y la bulimia como parte de la cultura, como síntomas que encuentran su correlato en los sujetos denominados normales.
En la relación con los padres el síntoma anoréxico ejerce un rol privilegiado. La muchacha que otrora se sometía a la voluntad de los mayores y cumplía a raja tabla con todas sus exigencias, se afana en utilizar el síntoma como instrumento de fustigación. No es ella quien los castiga, no es por su voluntad que deja el plato a medio comer o que arroja al vertedero gran parte de los alimentos de la cena. Oculta detrás del síntoma y con más razón si este ha sido consagrado por el diagnóstico psicopatológico correspondiente, la joven obediente se trasforma en verdugo de las necesidades de su cuerpo y del deseo de los padres.
En algunas ocasiones se dedica con esmero a proclamar a sus lectoras virtuales en las páginas webs “ana” su triunfo. Imperativamente llama a otras jóvenes a sumarse a su cruzada particular, una cruzada cuyo objetivo esencial es el éxito de la coerción sobre el cuerpo. En esta obra se muestra con precisión la alternancia del triunfo de las “anas” (anoréxicas) con las “mías” (bulímicas), y el elemento melancólico que le suele acompañar a estas últimas.
“La anorexia no es un rechazo puntual o caprichoso, es un estilo de vida fundado en el rechazo” nos dice el autor, y a través del estudio de algunos personajes considerados Anoréxicas Santas, establece las similitudes y diferencias con nuestra joven actual.
Asimismo el tema de la oralidad ocupa un espacio central en esta obra. La cuestión de la comida forma parte de nuestras aceptaciones y rechazos cotidianos, y los síntomas orales nos acompañan de una manera u otra a lo largo de toda la vida. No existe un saber relativo a los alimentos más profundo que el conocimiento que el sujeto tiene de su propio deseo. Para ser más exactos: las nociones que puede atisbar acerca de él a través de las sensaciones internas de saciedad, de hambre o del malestar y el placer que pueden acompañarlas.
La oralidad está estrechamente vinculada con lo religioso y por lo tanto con lo sagrado. La oralidad, por medio de la comida sacrificial, vincula al sujeto con el Dios Padre y, al mismo tiempo, con el grupo social de pertenencia. En algunos textos freudianos considerados prínceps se revela esa articulación en toda su complejidad: Totem y Tabú, Psicología de las masas y Análisis del Yo, Moisés y el Monoteismo.
El ágape es uno de los nombres con el que se designa a la Eucaristía. En su origen es la transcripción de la palabra griega agápe y así se denominaban a las comidas que los paganos y los cristianos primitivos celebraban. Por ello está emparentado con los ritos funerarios que tenían lugar en las catacumbas.
Eucaristía también tiene origen griego, eucharisti: "acción de gracias", es uno de los principales
ritos cristianos, llamado también comunión, cena del señor[] o santa cena. Según la tradición católica es el sacramento del sacrificio del Cuerpo y de la Sangre de Jesucristo.
En la antigüedad greco-romana la fiesta dionisíaca en su despliegue de goce y algarabía coloca en un primer plano la cuestión de la oralidad vinculada al goce sexual y a la trasgresión. Celebración de carácter orgiástico socialmente vinculado a los tiempos de siembra y cosecha, pero al mismo tiempo espacio simbólico.
También entre los pueblos “primitivos” tiene lugar la celebración de la comida sacrificial. En las tribus totémicas, por ejemplo, el padre hecho carne en la mesa representa la instauración social de la prohibición del incesto y el canibalismo.
Sigmund Freud necesita dar cuerpo y carne a ese padre para justificar la universalidad de la prohibición edípica; argumenta la existencia real de un banquete en el cual los hermanos devoran al padre para poder incorporarlo e identificarse con él. El mito freudiano es incierto pero productivo para justificar la universalidad de la ley simbólica.
Posteriormente, el antropólogo Levi-Strauss articula el carácter universal de este padre, su función en la estructura edípica como límite al goce. El ayuno como ofrenda religiosa está presente en todas las religiones, particularmente las monoteístas. Estos ritos de purificación están pautados de manera particular en las distintas religiones: Cristianismo, Judaísmo, Budismo. Determinados rituales festivos exigen el cumplimiento del ayuno por parte de los fieles, que pueden estar unidos a otros actos de abstinencia.

El ayuno (nos dice Hinojosa) por ser privación voluntaria y producir un sufrimiento similar a la enfermedad, constituía, y aún constituye una “prueba” incomparable para el pecador.
Es a partir de esta práctica del ayuno que tienen lugar distintas manifestaciones que se analizan pormenorizadamente en el texto, la inedia medieval, la inedia prodigiosa y la santa anorexia.
La palabra Inedia es usada por el médico alemán Guillermo Hildano Fabricio. Es una voz latina (in significa no, y edia procede del griego comer), de origen médico-dietético. En el ocaso del imperio romano adquirió un sentido religioso-moral. Los eremitas hacían dietas muy estrictas, se privaban ante todo de carne, representaba una renuncia voluntaria moral y sacrificial.
Inedia prodigiosa: Alguien puede mantenerse gran parte de su vida sin comer gracias a los recursos extraordinarios de la naturaleza, a diferencia de la inedia medieval el prodigio lo produce la propia naturaleza mientras que en la inedia medieval era el poder supremo de Dios sobre el cuerpo del creyente quien operaba el milagro.
Finalmente, la “santa anorexia” se denomina a una gran cantidad de casos que tenían lugar entre mujeres, generalmente de alta clase social y gran poder económico que se aislaban del lujo y la opulencia para vivir en la penitencia y la oración. Transcurre en el período comprendido entre el siglo XII al XVII, marcado por el crecimiento del capitalismo y el declive de la ideología feudal religiosa como organizador de la vida.
El carácter milagroso y santo de sus prácticas era atribuido por su entorno social que contemplaba fascinado el fenómeno y en ocasiones por la autoridad religiosa otorgándole el carácter de santidad.
Dos condiciones deben reunir :
Constituirse como un síntoma, entendiendo por tal la manifestación subjetiva de la mujer que en este caso no lo considerará tal sino una experiencia mística. La segunda condición es la posición del sujeto frente al deseo y la pulsión, particularmente oral. Una fantasía específica, un modelo de mujer, una aspiración de la feminidad que la coloca en un punto de idealización asfixiante entre el modelo de mujer virgen y “La perfecta casada” de Fray Luis de León.
Interesa textualizar estas frases de S. Hinojosa “lo peculiar en esta afección es que a tal negación del cuerpo le siga una afirmación del espíritu. Una afirmación del sujeto que vacía su cuerpo de inmundicia e introduce a la mujer, así identificada, en la pureza de otro lazo social imaginario y algo más que emotivo”.
El estudio de los escritos de Santa Teresa de Jesús muestra con claridad las vicisitudes y la historia vital de una Santa Anoréxica ejemplar.
Oscilando entre el supuesto deseo divino y la voluntad del diablo, las santas anoréxicas pasaron a ser sospechosas de brujería. No sería a causa de un milagro sino por el efecto de maleficios que se podría mantener en ayuno durante un tiempo prolongado. Los representantes de la Iglesia también adoptaron de forma paulatina una actitud recelosa y muy cauta respecto a estos fenómenos.
La anoréxica moderna no aspira a ninguna santidad, no obstante, también hay una profunda y férrea voluntad idealizada: prescindir del cuerpo, ignorar sus necesidades, gozar con su control y sus consecuencias autodestructivas.
El ideal ya no es un dios religioso, pero sin embargo hay una ofrenda del cuerpo a un dios particular, un dios que también proviene del imaginario colectivo: el ideal de la perfección y del control, el ideal de la renuncia a la sexuación.
Las anoréxicas y bulímicas contemporáneas no son beatas, no rezan, pero atraviesan de una forma peculiar su propia “noche oscura del cuerpo”.

Susana Isoletta
Junio de 2009.


martes, 30 de diciembre de 2008

MI ENFOQUE DEL PSICOANÁLISIS

MI ENFOQUE

“La salud mental es la capacidad de amar y trabajar” (Sigmund Freud)

Algunas personas que consultan suelen solicitar un diagnóstico, desean que les coloque un nombre a su sufrimiento, nombre con el que luego se identificarán. Pero el terapeuta trata con personas, no con patologías ni trastornos. La etiqueta poco o nada sirve para la resolución del problema. La identificación con la patología hace que el paciente deje de ser quien es para convertirse en “fóbico”, “obsesivo” o “anoréxico”; rótulo que puede servir para justificar cierto tipo de conductas frente a sí mismo y a los demás.

Las distintas corrientes existentes dentro del movimiento psicoanalítico se han diversificado de manera extremadamente compleja a punto tal que existen escuelas que se diferencian claramente por la forma de abordar los casos clínicos. Esto ha llevado en algunos casos a que los pacientes sientan o crean que deben adaptarse a la técnica de cura aunque no comprendan las razones de la misma.

Es decir, una terapia puede denominarse psicoanalítica si cumple determinados requisitos: uso del diván, frecuencia de las sesiones, duración del tratamiento.
Desde mi punto de vista la teoría freudiana y las contribuciones de sus continuadores constituyen un excelente instrumento para la comprensión del psiquismo, pero la técnica de abordaje debe ser asequible para todos los pacientes, cualquiera sea su conocimiento previo del psicoanálisis, su condición social o su nivel cultural.

La cura analítica es un trabajo de elaboración de la propia historia vital que realiza conjuntamente con el terapeuta. En ella no hay lugar para la magia ni la sugestión, y en ocasiones, una excesiva intelectualización del tratamiento es una sugestión en sí misma.

Una terapia adecuada debe proporcionar los instrumentos para solventar el malestar que producen los síntomas y, al mismo tiempo, los recursos necesarios para afrontar síntomas futuros. En los diferentes contextos en los que el terapeuta opera (familia, pareja, terapia individual), el objetivo del trabajo consiste en disminuir la carga de angustia inicial para luego ahondar en la biografía y las razones que han dado lugar a ese malestar.

Afortunadamente, la complejidad del psiquismo hace que el diagnóstico sea siempre una aproximación que no justifica encasillamientos, es un instrumento que debe conocer el terapeuta para guiar la evolución de la terapia y no para comunicarlo al paciente. Los distintos momentos de la cura darán lugar a cambios emocionales que ningún rótulo dado de antemano pueden soslayar.